VOLVIENDO AL MUNDO DE LOS VIVOS
Hoy me entere que mi tío se separó y se fue de la casa, HACE UN MES. Bueno, más vale tarde que nunca. Todos sabían, menos yo. Supongo que eso resume en gran medida el nivel de desconexión que viví los últimos meses. Por fin venció la credencial de la práctica. Llegó mi reemplazo y estoy empezando a preparar la entrega y los informes de rigor. Por fin llegó septiembre y la práctica empieza a ceder terreno. Por fin estoy terminando. Por fin vencí.
Aun recuerdo los desvelos. Las pesadillas. El estar solo. La opresión del sistema. Ese maldito tribunal. De la inhumana cantidad de trabajo. Realmente fue horrible. Solo el último tiempo empecé a relajarme y me nació la nostalgia y el cariño. Sobre todo el cariño. Pero quiero irme. Esto tenía que terminar.
No más desvelos. No más esclavitud. Y un paso menos para conseguir el ansiado y puto cartón, que hoy más que ayer, tengo muchas motivaciones para tenerlo lo antes posible. Quiero entregar y ojala poder ponerme a estudiar para el examen. Pero no sé si podré hacerlo. Hay que trabajar y falta mucho para que entreguen fecha el próximo año, además de finiquitar algunos detalles de mi vida (no tan detalles). Bueno, me doy un plazo de 2 años para titularme (estoy casi seguro que puede ser mucho antes). Resulta ser bastante razonable el tiempo. Y después ponerme las pilas en la pega. No lo sé. No me voy a presionar. No hay quien me presione tampoco.
Este 18’ fue sin tiqui tiqui tiii. Traté de hacer algo, nadie puede decir lo contrario. Fui al rodeo, vi todas las colleras, estuvo muy entretenido. Luego, paseando, llegué a la salida del camino y vi algo que no quería ver. Pero nada pude hacer. Un perro grande seguía muy alegremente a sus dueños que caminaban por el borde de la avenida, ya era de noche y había poca luz. Un auto venía rápido y el perro atravesó intempestivamente. Ahora todo lo recuerdo en cámara lenta. El golpe que le dio el auto fue demasiado gráfico. Lo tengo grabado a fuego. Cerré los ojos y me puse muy tenso. Cuando los volví a abrir, el perro daba innumerables vueltas en el pavimento cruzando el eje de la calzada, vía por la cual circulaba un bus de la locomoción colectiva. Nuevamente, y sin querer verlo, pero sin poder reaccionar, el perro fue embestido por la máquina, ahora hacia el otro lado. Volvió a girar muchas veces, pasó por debajo del bus y se quedó quieto. Un silencio se hizo notorio. La micro se detuvo 50 metros después, pero el animal seguía vivo y levantó la mirada. Un auto comenzó a frenar, pero nuevamente no lo vió. Le golpeó la cabeza y el animal se desesperó. Como pudo cruzó el pavimento hasta la verma. Allí lo abrazaron sus dueños que lloraban embargados por la tristeza. Yo tenía los puños apretados. Todo ocurrió en segundos y después todo en silencio. Lejos lo más penca de la tarde. El perro nunca se quejó. Apestado con toda mi suerte, me fui de la fonda y me quedé aburriéndome en casa.
LOS SUEÑOS DE ASTRÓNOMO
No sé porqué, pero de pronto recordé – y supongo que es para no volver a olvidar – que por un tiempo me dediqué con particular interés a estudiar los astros. Fueron un par de meses en que varias noches seguidas, salía de mi habitación con una linterna especialmente preparada para la ocasión. Con un papel celofán rojo cubría su haz de luz para no enceguecerme y poder recorrer el mapa astral. Pasaba horas reconociendo constelaciones y estrellas. Aprendí bastante sobre distancias y volúmenes. Muchas veces vi satélites y estrellas fugaces. Con las semanas, ya sabía bastante, incluso sobre la posición del mapa en las diferentes épocas del año. Quizás no fue otra cosa que el último proyecto lo que derribó mi interés, o quizás, y haciendo gala de mi infinita dispersión, encontré algo más que me llamó la atención.
Recuerdo que era tal mi curiosidad que junto con mi hermano empezamos a diseñar un telescopio. Nada muy complejo. Algo sencillo. El precio de los verdaderos telescopios para los amateurs estaba sobre el alcance de nuestros bolsillos. Esto fue hace unos 10 años atrás. Pero eso no mermó mi interés, ni tampoco la ganas de saber más de mi hermano. Compramos unos tubos especiales y lentes de lupa gigantes. El precio era mucho más módico. La parte técnica era mía. Hace tan solo algunos meses había aprendido en clases de física todo lo que se necesitaba saber sobre óptica. Y como fue lo único que realmente aprendí, me puse varios días a diseñar el aparato. No era sencillo. Había que calcular el foco de cada lente, el diámetro, sus dimensiones y proyectar la distancia de lo que queríamos ver. Era algo realmente complicado para quién solo contaba con su curiosidad. El telescopio quedó terminado, pero nada pudimos ver. El lente final, el que recepcionaba la imagen era un artilugio de una máquina fotocopiadora. Me resultaba imposible calcular su foco o su diseño interno. La verdad es que no tengo la menor idea como funcionaba ni cómo acoplarlo al telescopio, que fue otro gran esfuerzo. El aparato fue un regalo de mi hermano al proyecto, el cual quedo inconcluso. Comenzaron las lluvias de abril y mayo. Y los cielos se cerraron para nosotros hasta olvidarlos.
Era de noche y salí al patio un rato. Allí estaba el cielo estrellado, y de pronto recordé todo. Como olvidarlo, si allí estaba Paloma y Cuervo. Un poco más allá Orión. Las Pléyades reunidas, nunca supe cuantas eran. Dicen que siete. Yo siempre conté millones. El Triángulo Australiano y la Cruz del Sur. Tantos años han pasado y todo sigue igual, esperándome hasta terminar mi telescopio.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home