ANDRES SAPIENS SAPIENS

Reflexiones personales sobre todo. Es solo una vía de escape. Nada especial realmente. Lo que quedó de un incipiente, pero fracasado escritor. Aun lo sigo intentando. (Resolución 1024x764)

7.10.08

HABLANDO POR TELÉFONO

El teléfono suena y contesto. Al otro lado, una voz algo metálica me arrastra a mi pasado. Pablo me llama desde Francia, me saluda afectuosamente, pero no se le oye emocionado. Hace más de un año que no nos veíamos. La última vez que nos estrechamos en un abrazo, se paseaba con Charlot, una francesa que atrapó su corazón. Al mes siguiente se iría por 6 meses a Francia, para luego volver y partir de nuevo, esta vez, a Australia por 5 meses. Volvió a Francia hace un par de días y se quedará un año para sacar un master, y luego, si le va bien, viajará a Inglaterra y se quedará otro año más. Así es Pablo. Independiente. Algo desarraigado. Un buen amigo. Nos tratamos de poner al día en pocos minutos, y de pronto la confianza que nos tuvimos en años había vuelto. Me sorprenden sus historias y sus consejos. Los recibo con mucha humildad. Pablo tiene mundo e historias. Relajarse es su principal enseñanza. Otras cosas nos conducen al pasado, la pasamos bien, nos abrazamos a la distancia y cuelgo. De vuelta en Chile. Había recuperado algo que había creído perdido: Un amigo. Con Pabo casi nos expulsan en el colegio juntos por publicar en ese institución de curas, la más controvertida revista de la cual se haya tenido memoria. Luego de los retos y las amenazas, publicamos el número dos. Pablo me enseñó el idealismo.

Suena el teléfono y dudo. El número es conocido, pero ya no quiero contestarlo. Espero un par de vibraciones tratando de tomar una decisión. Finalmente contesto. Aló. Al otro lado, una voz de mujer, me saluda y pregunta cómo estoy. No quiero decirle nada y mis respuestas resultan ser muy secas. Castigo con indiferencia mucho tiempo de indiferencia, pero ya ha pasado mucha agua bajo el puente. Me despido y cuelgo. Fin de la historia. Sigo en mis quehaceres. No es justo que te digan "te quiero" y luego no te lo demuestren. He hecho bien. Sin culpas. Ya vendrán tiempos mejores.

Suena el teléfono y contesto. Una voz que se pierde en mi infancia. El chico Mora, compañero de básica y el más rápido del curso, ha muerto. Así me lo cuentan. Un accidente en moto le arrebató la vida. Cuelgo y no sé que pensar. Vuelvo a mis quehaceres. No quiero pensar. El chico nos sigue ganando. Aun nos lleva la delantera. Al día siguiente estoy frente al ataúd. Me rondean rostros que no había visto hace años. Mis amigos de básica han vuelto para recordar al Mora. Me saludo con mis amigos lejanos, todos siguen igual. Tan simpáticos como siempre. Algunos no me reconocen, me dicen que he cambiado mucho. No sé si sea bueno. No es el momento para conversarlo. Entre más pienso donde estoy, más me embarga la pena.

Apago el celular. No más llamadas.

0 Comments:

Publicar un comentario

<< Home